Una Nueva Interpretación Urbana a través del Análisis de la Actividad Comercial (Parte 2)

Juan Murillo

d&a blog

— Lectura de los resultados desde una perspectiva urbanística

Antecedentes

En un artículo anterior hemos descrito la metodología, los modelos y herramientas analíticas y de representación empleados en el proyecto Urban Discovery, que hemos desarrollado junto con CARTO. En esta segunda parte ponemos el foco en la utilidad de los resultados para interpretar y mejorar la gestión del territorio a través nuevas fuentes de datos de alta resolución espacial y temporal. En concreto hemos trabajado con datos masivos de pagos con tarjeta, que permiten lecturas novedosas de lo que acontece en el plano comercial, algo que, como veremos, tiene un reflejo urbanístico muy marcado.

Sobre la organización territorial de las grandes ciudades: ¿qué son los distritos y barrios, cómo se delimitan y para qué se utilizan?

Con el objetivo de descentralizar el gobierno de la ciudad y de optimizar la prestación de servicios públicos las grandes ciudades subdividen su término municipal en unidades territoriales menores. Así, en Ciudad de México se delimitaron 16 delegaciones en 1970; Madrid se organiza en 21 distritos desde 1988; y en Barcelona se definieron 10 distritos en 1984. Estas subdivisiones se delimitan según criterios históricos (los municipios absorbidos suelen pervivir como distritos una vez integrados) y prácticos: se pretende lograr una mínima homogeneidad demográfica y territorial, dentro de unos rangos. Hay que tener en cuenta que las unidades resultantes de esta primera división administrativa tienen a menudo una población comparable a la de muchas ciudades de tamaño medio (en México las delegaciones -que pasarán a denominarse alcaldías en 2018- abarcan unos 500.000 habitantes, mientras que los distritos de Madrid y Barcelona tienen una población promedio de unas 150.000 personas). Por lo tanto, se hace preciso un nivel aún más granular: en Madrid y Barcelona surgen así los barrios (de unos 20.000 habitantes), y en Ciudad de México las colonias (de unos 4.000 habitantes). La redefinición de estos ámbitos de gestión de segundo nivel es mucho más viva y frecuente, (aquí un ejemplo del proceso seguido y de los criterios aplicados), pero sin embargo siguen basándose en datos estáticos.

Hoy en día existen nuevas fuentes de información que describen el uso real que sus habitantes y visitantes hacen de las ciudades, y que deberían ser consideradas a la hora de delimitar distritos y barrios, algo que posteriormente condiciona múltiples aspectos de la vida de los ciudadanos, como por ejemplo la movilidad (en Madrid los barrios definen las zonas de aparcamiento regulado) o la escolarización (en Barcelona la asignación de colegios de educación infantil y primaria se basa en los distritos oficiales).

Emplear nuevas fuentes de datos dinámicos proporciona una visión del territorio mejorada

Todo el que vive o visita una gran ciudad difícilmente la abarca por completo: acaba reduciéndola a un entorno acotado conformado por las zonas en las que reside, trabaja, estudia, o acude en su tiempo libre por diversión. Estas actividades dejan una huella digital que teje relaciones entre áreas. En nuestro equipo llevamos trabajando más de 5 años con una de dichas fuentes de datos: los pagos con tarjeta bancaria, capaces de describir el uso que los ciudadanos hacen de gran parte de los servicios que la ciudad les presta a través del tejido comercial y de ocio,(ver Big Data to Enhance the Tourism in Mexico (en inglés) o Análisis de Influencia sobre el Comercio de las Medidas de Calmado de Tráfico, por ejemplo).

Si bien se trata de una fuente de datos parcial, que describe tan solo uno de los muchos sistemas que componen la realidad urbana -la relación comercio y territorio- ésta conforma una de las dinámicas más importantes a la hora de entender una ciudad y su evolución, como veremos.

En esta ocasión hemos trabajado con un doble propósito:

  1. Medir el grado de cohesión territorial de tres grandes ciudades para obtener nuevas delimitaciones internas: áreas funcionales basadas en la actividad real de la gente que se desenvuelve por los ámbitos estudiados.
  2. Cualificar las áreas funcionales identificadas.

Sobre el primero de los objetivos no me extenderé: como se describió en el anterior artículo, se ha logrado aplicando la ciencia de datos a una cantidad masiva de transacciones (más de 413 millones) para delimitar lo que hemos venido a denominar macrocomunidades -divisiones de primer nivel, comparables a los distritos o delegaciones- y comunidades, divisiones de segundo nivel, comparables a los barrios, y que sirven de unidad mínima a la hora de acometer el segundo de los objetivos: la cualificación.

La ciudad ideal frente a la ciudad real: métricas y descriptores

La ciudad ideal estaría conformada por barrios equilibrados desde todos los puntos de vista, lo que redundaría en una mayor autosuficiencia y en un decremento de las necesidades de movilidad y de logística de suministro:

  • equilibrio espacial: la ciudad policéntrica, o que complementa las funciones de su núcleo principal con centralidades periféricas muestra flujos de movilidad mejor distribuidos que los puramente radiales.
  • equilibrio en usos, por combinar en zonas más autosuficientes todas las funciones: la residencial, la de generación y mantenimiento de puestos de empleo, o la de provisión de servicios comerciales.
  • equilibrio sociodemográfico: logrando diversidad suficiente por edades y género, por niveles educativos, y por renta entre su población.
  • equilibrio en su configuración urbanística, en las dotaciones y equipamientos existentes, y en el nivel de atractivo, para que los visitantes se distribuyan de manera homogénea y se eviten congestiones en torno a los hitos turísticos, culturales y de ocio, y se mitiguen las presiones inmobiliarias en las zonas mejor dotadas o de una calidad estética o medioambiental diferencial.

Aunque en investigaciones previas se ha demostrado que ligeras modificaciones en los patrones de consumo harían alcanzable alguno de estos objetivos parciales en favor del reequilibrio urbano, en la ciudad real esta situación ideal antijerárquica, e igualitaria no se da. Las ciudades reales tienden a la segregación, y a la especialización de sus barrios, y ello deja una señal en los datos de actividad comercial que nos hemos esforzado en leer. Sin apriorismos, la información manejada ha resultado ser elocuente.

Para ello hemos trabajado en tres niveles: en primer lugar hemos identificado variables o métricas básicas en la información tratada; en segundo lugar dichas variables nos han servido para conformar atributos de consumo como combinación de variables. Empleamos estos atributos a modo de descriptores de zona, y pueden agruparse según tres tipos:

  • Atributos del tejido comercial y de la actividad registrada: densidad comercial global o densidad de un tipo de comercio específico (por ejemplo, comercio de proximidad, que cubre necesidades básicas), importe de la transacción media registrada en un área, etc.
  • Atributos de perfil sociodemográfico de los consumidores: presencia de un determinado perfil de consumidor de forma predominante
  • Atributos de huella temporal: identificación de patrones de concentración del gasto en determinados momentos.

En tercer y último lugar hemos combinado estos atributos para conformar etiquetas de zona que delimitan ámbitos homogéneos como sumatorio de comunidades -no necesariamente adyacentes- con características compartidas. Es en este punto en el que afloran las fuertes relaciones entre el pulso vital en el plano comercial, y las distintas tipologías que sirven para describir un área urbana: esta lectura nos ha llevado a unos resultados que tienen coherencia cronológica, espacial y funcional. Los nombres elegidos, sin embargo, se derivan ante todo de esta tercera característica -la función urbana- aunque es evidente la interrelación entre todas ellas: la disposición geográfica de un área está a menudo vinculada a su momento de desarrollo, distintas etapas conllevan diferentes tipologías constructivas y de uso del suelo, diferentes tipos de especialización, y ésta a su vez influye sobre el perfil de sus residentes sobre y sobre la conformación y actividad del tejido comercial.

Resultados: las tipologías urbanas identificadas

Bajo la perspectiva de sus patrones de consumo característicos hemos distinguido seis tipos básicos de ámbitos urbanos que estructuran la ciudad. Esta taxonomía ha resultado válida para zonificar las tres grandes urbes analizadas, y sería aplicable a los entornos urbanos (de una mínima escala y actividad transaccional) que se puedan estudiar en el futuro bajo este mismo prisma:

  1. Zona 1 – Centro: se trata de áreas con alta concentración comercial, como resultado de un tejido urbano denso y con locales en planta baja que mantienen una alta ocupación y actividad. Existen hitos culturales (museos, librerías) La presencia de turistas (tanto nacionales como extranjeros) y de usuarios de tarjeta propensos a realizar gastos vinculados al ocio cultural es superior a la de otras zonas de la ciudad. Bajo esta etiqueta en Madrid se identifica la ciudad en la extensión que tenía aproximadamente en el año 1900, abarcando toda la zona interior a la primera ronda (cerca de Felipe IV), más Chamberí por el norte y Arganzuela por el sur, pero con el ensanche de Castro aún sin completar hacia el este. En Barcelona esta zona incluye el Barrio Gótico, pero lo desborda y abarca la primera parte del ensanche de Cerdá, a ambos lados del eje de Grácia. En todo caso ambas zonas centro tienen una importancia relativa alta respecto al conjunto de ambas ciudades, efecto que no se da en Ciudad de México: lo que allí destaca como centro -coincidente con la extensión de la ciudad hace cien años- ha quedado totalmente empequeñecido por los crecimientos posteriores, que tienen otras características y otra huella digital, como veremos.
  2. Zona 2 – Barrio Acomodado: se trata de áreas con alta densidad comercial, al igual que las zonas centro -a las que suelen ser contiguas en el espacio y en el momento histórico de su desarrollo, pues las conforman áreas edificadas en la siguiente etapa, que abarca hasta 1940- pero se diferencian de la zona centro por una mayor presencia relativa de clientes con alto poder adquisitivo, y por acoger menos hitos de ocio cultural y menos comercios de moda activos (esto último ante todo en Ciudad de México), aunque se mantiene una presencia comparativamente alta de foráneos.
  3. Zona 3 – Barrio Popular: tras debatirlo mucho hemos denominado así a las zonas desarrolladas en la etapa de mayor crecimiento de las ciudades estudiadas: la segunda mitad del siglo XX, momento en el que se produjo la llegada de una gran cantidad de población del medio rural a las grandes ciudades. Para hacer frente a esta demanda se llevaron a cabo nuevos crecimientos bajo parámetros racionalistas: se reemplaza la manzana cerrada con zócalo comercial por manzanas abiertas, a menudo con viviendas en planta baja. El resultado son áreas con baja densidad comercial y especial importancia del comercio de proximidad o de conveniencia (panaderías, ferreterías, farmacias, alimentación), con bajos ticket medios y poco gasto en fin de semana. En Madrid esta tipología urbana se ubica en la periferia intermedia (el arco entre M30 y M40), pero también dentro de la almendra central hay zonas con esta huella digital como Tetuán. En Barcelona estas zonas se concentran en el norte: Horta-Guinardó, Nou Barris, y en Ciudad de México es la demarcación territorial de Iztapalapa, la más poblada de todas, la que destaca con estos atributos.
  4. Zona 4 – Centros de Trabajo: las zonas de oficinas o industriales se caracterizan por registrar una actividad extremadamente baja durante el fin de semana, y por tener un tejido comercial poco denso, conformado ante todo por bares y restaurantes que dan servicio a los empleados de los centros de trabajo. En Madrid la zona norte concentra la mayor parte de las oficinas -y los resultados así lo confirman- lo que provoca unos ciclos muy claros de movilidad, de sur a norte por las mañanas y de norte a sur por las tardes; queda como posible posterior análisis el estudiar más en detalle estos flujos, considerando como nodo de origen de las cadenas de transacciones el hexágono de residencia del usuario de tarjeta. en Ciudad de México destacan bajo esta etiqueta Miguel Hidalgo, Azcapotzalco, y Cuajimalpa de Morelos. En Barcelona sin embargo no destaca ninguna zona bajo esta combinación de atributos, lo cual en sí es positivo, pues denota una buena integración de los centros de trabajo en el entorno urbano, al que no logran imponer su ritmo horario; en Madrid ocurre esto mismo en AZCA y Castellana, donde hay múltiples oficinas, pero también una componente residencial y de servicios y ocio que mantiene activa la zona fuera del horario de oficinas.
  5. Zona 5: Nuevos desarrollos: hemos denominado así a las áreas con las características de las zonas residenciales (baja densidad comercial, sin presencia de turistas) pero con una edad media menor, y gasto concentrado en el fin de semana. Urbanísticamente coincide con los últimos crecimientos de las ciudades, en los que residen familias que entre semana no realizan demasiada vida de barrio, concentrándose el consumo en el fin de semana. En Madrid destacan los crecimientos de periferia, la mayoría más allá del anillo de la M40, pero en ocasiones (Las Tabas, Sanchinarro) esta etiqueta queda eclipsada por la de centros de trabajo, característica en realidad no excluyente sino complementaria. En Barcelona esta etiqueta destaca la zona de la Villa Olímpica, pero también la parte alta de la ciudad. En Ciudad de México este tipo de áreas ocupan extensos ámbitos en los cuatro puntos cardinales.
  6. Zona 6: Centros comerciales: áreas con muy baja densidad comercial y un tipo de consumo concentrado en grandes superficies (hipermercados, tiendas multiproducto, grandes almacenes…). La tipología urbanística ligada a esta huella digital es muy heterogénea: en Madrid encontramos áreas de dispersión como Aravaca, pero también otras de muy alta densidad residencial, como el entorno más próximo a La Vaguada, junto con zonas de densidad intermedia o en consolidación, como La Gavia. En Barcelona destaca el barrio de 22@ (donde el centro comercial Diagonal Mar marca el ritmo, prevaleciendo su señal por encima del ritmo que marcan las oficinas de la zona). Finalmente, en Ciudad de México los centros comerciales a lo largo de la Avenida de Miguel Ángel Quevedo y Calzada del Hueso imprimen esta etiqueta a dichos entornos, recordemos en todo caso que hemos manejado atributos relativos, y que existirán centros comerciales con mayor actividad en otras áreas, coexistiendo con otro tipo de actividad y sin llegar a marcar el patrón de una zona.

Por último destacamos que toda la información generada es descargable a través de la propia visualización, y reutilizable para posteriores estudios. Contribuimos de este modo con una base inicial sobre la que seguir edificando y generando estudios derivados. En el futuro será interesante observar las evoluciones temporales de los atributos descritos, lo que puede servir para arrojar luz sobre fenómenos tales como la gentrificación, elitización, turistificación, en todo caso será algo para lo que será necesario trabajar sobre una taxonomía de categorías más detallada.

De momento consideramos logrado el primer objetivo: probar que la fuente sobre la que hemos trabajado y las metodologías aplicadas pueden ayudar a leer dinámicas en nuestras ciudades bajo un nuevo prisma, pero la capacidad descriptiva de los datos de consumo va mucho más allá, y ganará una dimensión más transversal al ser combinados con otras fuentes.

Más allá del valor académico o de investigación que este trabajo alberga, estos resultados pueden contribuir a sentar las bases de herramientas prácticas que faciliten decisiones de toda índole a ciudadanos, empresas y administraciones, como por ejemplo ayudar a la identificación de áreas gemelas en ciudades diferentes, algo que puede guiar la búsqueda de vivienda o la implantación de nuevos negocios en áreas favorables que maximicen las posibilidades de éxito. Los ejemplos son numerosos, y confiamos en la creatividad de la sociedad para proponer soluciones sobre esta base, contando con la disponibilidad de la fuente de datos de actividad comercial a través de los servicios Paystats expuestos en el portal BBVA API Market.